Misa en memoria del Papa Francisco en la Parroquia de la Sagrada Familia

Abr 22, 2026 | Noticias

Este 21 de abril de 2026, en la Parroquia Jesuita de la Sagrada Familia —ubicada en la colonia Roma de la Ciudad de México— se celebró una eucaristía con motivo del primer aniversario luctuoso del Papa Francisco. La misa fue presidida por el Cardenal Carlos Aguiar Retes, quien eligió este templo por su vínculo con la Compañía de Jesús —orden a la que perteneció el pontífice— y por ser el lugar donde reposan los restos del beato Miguel Agustín Pro.

Al inicio de la celebración, el P. Gerardo Cortés, S.J., dio lectura a un texto del P. David Fernández Dávalos, S.J., que ofreció una clave para comprender el sentido de esta conmemoración: recordar a Francisco no es un gesto de “nostalgia ni la idealización”, sino una interpelación viva a nuestra conciencia personal y social.

A lo largo de su pontificado, el Papa Francisco se distinguió por su cercanía con los más vulnerables y por su insistencia en una Iglesia pobre y para los pobres. Su palabra significió un llamado a la conversión en contextos como el de México, marcado por la desigualdad, la violencia, la migración forzada y la tentación de normalizar el dolor ajeno. Hoy, a un año de su partida, su voz sigue cuestionándonos: ¿hemos aprendido a poner en el centro a las víctimas? ¿somos capaces de indignarnos ante la injusticia?

En su homilía, el Cardenal Aguiar Retes retomó el testimonio de san Esteban para subrayar la importancia de no poner resistencia a la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Invitó a confiar en Dios en medio de las adversidades y a reconocer en la Eucaristía la presencia viva de Cristo, que sostiene y orienta el caminar de sus discípulos. Al recordar su trato con el Papa Francisco, destacó en él una profunda confianza en Dios, así como la capacidad de conjugar la misericordia con la firmeza y la bondad con la fidelidad.

La memoria de Francisco permanece como un llamado exigente. Su defensa de la dignidad de las personas migrantes, su denuncia de una economía que excluye y su insistencia en una Iglesia sinodal, abierta al diálogo y al discernimiento comunitario, siguen siendo tareas pendientes. Más que idealizar su figura, el mejor homenaje es dejarnos incomodar por su palabra y asumir el compromiso de una fe encarnada en la historia.

A un año de su muerte, la Iglesia en México damos gracias por la vida y el testimonio del Papa Francisco. Su legado permanece vivo, no como recuerdo del pasado, sino como impulso para seguir caminando, con esperanza y responsabilidad, hacia una sociedad más justa, fraterna y reconciliada.