Agua viva en una Tierra que grita

Sep 1, 2026 | Noticias

Cada año, del 1 de septiembre al 4 de octubre, comunidades cristianas de distintas tradiciones celebramos el Tiempo de la Creación: un periodo para orar, contemplar y renovar nuestro compromiso con el cuidado de la Casa Común. No se trata únicamente de dedicar unas semalaudnas al medio ambiente, sino de volver a mirar la manera en que nos relacionamos con Dios, con los demás y con toda la creación.

En 2026, el lema “Agua Viva”, inspirado en Ezequiel 47,1-12, nos ofrece una imagen especialmente fecunda para este camino. El profeta contempla un río que brota del templo y que, poco a poco, crece hasta transformar todo aquello que toca. Donde llega el agua, la tierra vuelve a ser fecunda, aparecen árboles, regresan los peces y aquello que parecía perdido recupera la vida. Incluso en medio de la fragilidad, la vida puede volver a brotar.

El agua que da vida y el agua que nos interpela

Pero hablar de agua hoy también nos confronta. Hace apenas unos días, una catástrofe golpeó la región del Himalaya, en la frontera entre Nepal y el Tíbet. El colapso de una enorme masa de hielo, roca y sedimentos desencadenó inundaciones devastadoras que arrasaron comunidades e infraestructura y provocaron una grave pérdida de vidas. Los análisis científicos advierten, además, que el calentamiento global está generando condiciones que vuelven cada vez más inestables los ambientes de alta montaña.

El agua que en la visión de Ezequiel restaura la vida aparece hoy también asociada a destrucción y pérdida. No porque la creación se haya convertido en nuestra enemiga, sino porque estamos alterando delicados equilibrios de los que también nosotros formamos parte.

La contradicción es muy dolorosa: Nepal genera alrededor del 0.1 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero se encuentra entre los países especialmente vulnerables a inundaciones, deslizamientos, estrés hídrico y otros efectos de la crisis climática.

Quienes menos han contribuido a provocar esta crisis pueden terminar cargando con algunas de sus consecuencias más graves.

Río crecido de aguas turbias atraviesa una zona montañosa y daña dos puentes, rodeado de vegetación y viviendas.

Imagen ilustrativa. Fotografía de archivo utilizada bajo licencia; no corresponde necesariamente a los hechos, lugares o personas mencionados en el texto.

Una sola crisis, un mismo clamor

La ecología integral, propuesta por el papa Francisco en Laudato si’, nos ayuda a comprender que la crisis ambiental y la crisis social no son realidades separadas. La contaminación del agua, el deterioro de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad o los efectos del cambio climático terminan repercutiendo sobre personas concretas, comunidades, culturas y territorios.

Por eso, cuidar la creación significa también cuidar a las personas. Como recuerda Laudato si’, “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social”. Escuchar el clamor de la Tierra exige escuchar, al mismo tiempo, el clamor de quienes experimentan con mayor intensidad las consecuencias de su deterioro.

Desde esta mirada, la respuesta ecológica no puede reducirse a una suma de buenas prácticas individuales. Ahorrar agua, reducir residuos, restaurar ecosistemas o modificar nuestros hábitos de consumo son acciones necesarias, pero necesitan insertarse en una pregunta más profunda sobre nuestras decisiones colectivas, nuestros modelos económicos y las estructuras que permiten que los beneficios y los costos ambientales se distribuyan de manera tan desigual.

Para la Compañía de Jesús, esta relación está expresada también en las Preferencias Apostólicas Universales: caminar junto a los pobres, los descartados y quienes han sido vulnerados en su dignidad, y colaborar en el cuidado de nuestra Casa Común son llamadas que se iluminan mutuamente.

Al evaluar el camino recorrido en la implementación de la cuarta Preferencia Apostólica Universal, el P. Arturo Sosa, S.J., Superior General de la Compañía de Jesús, insistió precisamente en la necesidad de incluir a las personas pobres y marginadas, fortalecer la colaboración y asumir con mayor decisión la defensa de la justicia climática.

Cuidar la Casa Común significa, entonces, preguntarnos también quién tiene acceso al agua, quién vive junto a un río contaminado, qué comunidades ven amenazados sus territorios y quiénes sí y quienes no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar sequías, inundaciones y otros riesgos. El clamor de la Tierra y el clamor de los pobres forman parte de un mismo clamor.

Sumergirnos en el Agua Viva

Pero el símbolo elegido para este Tiempo de la Creación no nos deja simplemente contemplando el río desde la orilla. La invitación de 2026 es a sumergirnos en el Agua Viva: entrar en esa corriente de renovación y descubrir de qué manera también nosotros podemos convertirnos en colaboradores de la restauración de la creación.

Esta imagen tiene un sentido profundamente ignaciano. En la Contemplación para alcanzar amor, San Ignacio nos invita a reconocer cómo Dios habita en las criaturas y cómo trabaja y labora en todas las cosas. Contemplar la creación, por tanto, no consiste únicamente en admirar su belleza. Significa descubrir la presencia activa del Espíritu de Dios en medio de la realidad.

Una Jornada para contemplar, comprender y cuidar

Como parte de este camino, la Red de Ecología Integral de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, coordinada desde el Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente (IIMA) Xabier Gorostiaga, S.J., de la IBERO Puebla, invita a participar en la Jornada Tiempo de la Creación 2026, con dos encuentros virtuales que buscan acercarnos al agua desde el análisis socioambiental, la fe y la espiritualidad ignaciana.

El jueves 10 de septiembre, a las 11:00 h, se realizará el encuentro “Agua y contaminación. El caso de los ríos Atoyac, Santiago y Nazas”. Especialistas de IBERO Puebla e IBERO Torreón dialogarán sobre los desafíos socioambientales que enfrentan estas cuencas y sobre la urgencia de construir alternativas para su cuidado. Participarán Verónica Barreda Muñoz, Gabriela Pérez Castresana, Mayra G. Puentes Hernández y José Antonio Martínez Villalba, con la moderación de Valentina Campos Cabral.

Posteriormente, el jueves 1 de octubre, a las 19:00 h, tendrá lugar la “Contemplación ignaciana: sentir y gustar el agua viva”, un espacio de oración para acercarnos al agua desde la espiritualidad ignaciana, acompañado por el P. José Suárez, S.J., y Yostaltépetl Bello Marín.

Ambas actividades serán virtuales, vía Zoom. Los códigos QR del cartel que acompaña esta publicación permiten realizar el registro y acceder a las sesiones.

Esta Jornada quiere ayudarnos a pasar de la reflexión al encuentro: comprender lo que está ocurriendo en nuestros territorios, dejarnos tocar por ello y descubrir juntos maneras más responsables y solidarias de cuidar el agua y la vida.

Una pregunta para este Tiempo de la Creación

Frente a una Tierra que grita, estamos invitados a escuchar. Frente a la fragilidad de la vida, estamos llamados a cuidar. Frente al desaliento, la imagen de Ezequiel nos recuerda que la restauración sigue siendo posible: allí donde llega el Agua Viva, la vida puede volver a brotar.

Celebrar el Tiempo de la Creación significa reconocer que esta restauración comienza también en nuestros vínculos cotidianos: con Dios, con otras personas, con nuestros territorios y con todas las criaturas con las que compartimos la Casa Común.

Para acompañar el discernimiento, pueden quedar al final tres preguntas:

  • ¿Qué nos invita a contemplar y agradecer el Tiempo de la Creación 2026?
  • ¿Qué relación concreta podemos transformar para cuidar mejor a las personas y a la Casa Común?
  • ¿Cómo puede nuestra comunidad expresar la justicia socioambiental desde la solidaridad y el bien común?