“Gracias por tanto bien recibido”: 53 años caminando con las comunidades de Plátano y Cacao

Ago 12, 2026 | Noticias

Después de 53 años de presencia en la Parroquia San José y Nuestra Señora de los Remedios, en Plátano y Cacao, Tabasco, la Compañía de Jesús concluyó su servicio pastoral en estas comunidades. Una misa de acción de gracias reunió este domingo 9 de agosto a jesuitas, familias, jóvenes y agentes pastorales para agradecer una historia marcada por la fe, la organización comunitaria, la defensa de la dignidad y el compromiso con el Evangelio.

Durante más de cinco décadas, la historia de la Parroquia San José y Nuestra Señora de los Remedios se fue tejiendo entre caminos, ríos, casas de guano, celebraciones, reuniones comunitarias y una manera de vivir la fe profundamente vinculada con la vida cotidiana.

A principios de la década de 1970 llegaron a estas tierras jesuitas como Jaime Arias, S.J., Javier Saravia, S.J., y Guillermo Silva, S.J. Su presencia comenzó recorriendo las comunidades, escuchando, conviviendo y compartiendo la vida de la gente. En 1974 se formalizó el Equipo Rural Interreligioso de Tabasco (ERIT), una experiencia que marcaría profundamente la manera de hacer pastoral en la región.

Este caminar fue compartido también con mujeres de distintas congregaciones religiosas. La Hna. Dolores Palencia, de las Hermanas de San José de Lyon, recuerda la presencia y colaboración, en diferentes momentos, de las Hermanas de Santa Úrsula, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, las Hermanas de San José de Lyon y las Hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Más adelante, la Hna. Socorro Camacho, de las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo, colaboró especialmente en la formación de catequistas. También existió una estrecha colaboración con las Hermanas Apostólicas del Sagrado Corazón en el acompañamiento pastoral de Mazateupa.

Desde entonces fue tomando forma una Iglesia profundamente comunitaria. Las Comunidades Eclesiales de Base impulsaron una metodología sencilla: ver la realidad, juzgarla a la luz del Evangelio y actuar. Las preocupaciones de las familias, el trabajo, la economía y las necesidades de los pueblos se fueron convirtiendo también en parte de la reflexión y de la acción pastoral.

De este caminar surgieron cooperativas de consumo, tiendas comunitarias, cooperativas de pollos y una cooperativa platanera que llegó a comercializar hasta 150 toneladas diarias. Estas experiencias fortalecieron la organización de las comunidades y encontraron en la solidaridad una manera de responder a las dificultades.

Durante los años ochenta, las comunidades participaron en la movilización del Pacto Ribereño y en distintos procesos de organización frente a las consecuencias de la actividad petrolera. La parroquia acompañó demandas relacionadas con la contaminación, el acceso al agua potable, las condiciones laborales y la defensa de la dignidad de las comunidades. De estos procesos surgieron expresiones organizativas como el Comité Central de la Isla y, posteriormente, CODEHUTAB.

Esa capacidad de organización y respuesta comunitaria continuó manifestándose con el paso de los años. El P. Javier Garibay, S.J., recuerda:

En el 2007 debido a las inundaciones, las comunidades se organizaron para elaborar y llevar despensas a las comunidades inundadas, en cayucos, en camionetas. Con el apoyo del P. Roberto Oliveros, S.J., se formaron equipos de apoyo para poner plantas potabilizadoras Cántaro Azul, y otras iniciativas para responder a las necesidades de la población.

Entre estos esfuerzos destacó el proyecto de producción social de vivienda, desarrollado con el acompañamiento de integrantes del Departamento de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y del equipo de Plátano y Cacao. Esta experiencia de construcción comunitaria y autogestiva recibió en 2009 el Premio Nacional de Vivienda, en la categoría de Producción Social de Vivienda.

La organización de las comunidades también se extendió a la defensa de su derecho al agua. Como recuerda el Padre Gary: “Más adelante las comunidades lucharon por el precio del agua potable. Lo consiguieron jurídicamente.

Con motivo de la celebración de acción de gracias por los 53 años de presencia jesuita, el P. Javier Garibay envió un mensaje en video a la comunidad. En él reconoció que este camino no transformó únicamente a quienes vivían en Plátano y Cacao, sino también a los jesuitas que compartieron la misión con ellos: “Nosotros aprendimos a ser lo que somos, hermanos y hermanas sobre todo.”

En su mensaje, evocó la imagen de la pequeña semilla de mostaza que, desde lo pequeño, crece y hace brotar vida nueva. Así describió una comunidad reunida alrededor de Jesús y fortalecida a través de la fraternidad, el servicio, los ministerios y la organización de sus propios integrantes.

Este proceso ha estado acompañado y dinamizado también por los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que han contribuido a cultivar una espiritualidad encarnada en la vida de las comunidades. Con el paso de los años, sus propios integrantes han asumido también esta misión de acompañamiento a través de distintos equipos, entre ellos el Equipo Cardoner, dedicado a acompañar experiencias de Ejercicios Espirituales y procesos de espiritualidad.

El P. Juan Pablo Gil, S.J., quien acompañó a la parroquia durante esta última etapa de presencia jesuita, recordó que estos 53 años de ser una “comunidad de comunidades” permitieron sumergirse en la experiencia del Evangelio y aprender a interpretar la propia vida desde su luz.

La celebración contó también con la presencia de sacerdotes que formaron parte de la historia de la parroquia y acompañaron a sus comunidades en distintas etapas, entre ellos el P. Leonel de los Santos, S.J.; el P. José Suárez, S.J.; el P. Hugo Marín, S.J.; y el P. Mario Arguijo.

Durante la misa de agradecimiento se compartió también un mensaje en nombre de las y los jóvenes de las distintas comunidades que integran la parroquia, quienes expresaron lo que significa para ellos esta despedida y la misión que ahora les corresponde continuar:

“Ustedes continuarán su misión allí donde el Señor los envíe, y nosotros permaneceremos aquí cuidando aquello que juntos hemos construido. Porque la semilla que sembraron ya está dando fruto. Y las redes que fueron tejiendo entre nuestras comunidades no se rompen con la distancia.”

Las juventudes señalaron que la mejor manera de agradecer lo recibido será continuar viviendo aquello que esta historia les ha enseñado: buscar la mayor gloria de Dios, encontrarlo en todas las cosas y procurar, cada día, “en todo amar y servir”.

Hoy la parroquia permanece organizada en 27 comunidades distribuidas en seis áreas, acompañadas por animadores y diversos equipos promotores. Entre sus principales signos de esperanza están precisamente las personas jóvenes y adolescentes, así como tantas otras  formadas a lo largo de estos años, que continúan poniendo sus dones al servicio de la Iglesia y de sus comunidades.

Por ello, el final de la presencia jesuita en San José y Nuestra Señora de los Remedios no borra la historia recorrida ni aquello que dio fruto durante estos 53 años. Permanece una comunidad que aprendió a caminar unida, a organizarse, a celebrar su fe y a responder desde el Evangelio a los desafíos de su realidad.

Las comunidades permanecerán cuidando aquello que juntos han construido. Concluye una etapa, pero la misión continúa.