El texto autógrafo
El texto castellano Autógrafo de los Ejercicios se llama así no porque esté escrito de la mano de Ignacio sino porque presenta treinta y dos correcciones o añadiduras escritas por él y otras tres probables. El texto fue escrito por un copista, probablemente el portugués Bartolomé Ferrao, quien fue secretario de la Compañía desde 1545 hasta marzo de 1547, fecha en que Polanco asumió el cargo. El texto llamado Autógrafo ha sido considerado como el texto básico y no fue publicado hasta el año 1615. En el texto de referencia, Ignacio hizo su propia “composición del lugar” y quiso anticiparse a las necesidades de los posibles destinatarios de su libro, a los posibles ejercitantes a quienes les ofreció su obra como culminación de un profundo proceso espiritual. Podríamos decir, que el Autógrafo nos presenta la creación ignaciana en un estado de madurez en la que Ignacio ha acumulado las vivencias y enseñanzas de las diversas etapas de su conversión, ha reflexionado hondamente en lo que ha dejado cada una de ellas en su vida y el momento en que estaba dispuesto a poner su experiencia al servicio de otros que quisieran iniciar un camino similar.
La Vulgata
El deseo de comunicar a otros la experiencia contenida en el Autógrafo evidenció otra necesidad: dar a conocer el libro a sectores más amplios. Para ello, se requería con urgencia una traducción latina del texto para la cual era previamente necesario retocar el mismo texto castellano. Al final, sería la traducción latina del P. Andrés de Frusio la que iba a ser presentada para la aprobación de Paulo III y que después se imprimiría. Con la aprobación y la impresión del texto, en 1548, el texto quedó inmutable para Ignacio. Para la aprobación del texto se consideró necesario incluir las Anotaciones que abren el libro para dar al director una idea exacta de la práctica y las dificultades del libro de los Ejercicios. Se pretendía clarificar aquella serie de indicaciones prácticas para el acompañante de Ejercicios que lo contextualizaran en cuestiones de la naturaleza del libro, sus pretensiones, sus exigencias, el engranaje entre el conjunto de las meditaciones, horarios, consejos, sugerencias, etc. Ignacio no terminó jamás esta obra de perfeccionamiento y acomodación del texto, pero lo logrado en París sería esencialmente la base para futuros directorios[1].
Codina indica que algunos han sospechado que Ignacio escribió primero los Ejercicios más explicados y que después los abrevió en el Autógrafo y en la versión latina, pues al dedicar su manuscrito el santo escribió: “Todos exercicios breuiter en latín”[2] y la situación se repite al principio de dos copias completas del texto castellano: la del P. Jacobo Domenici que perteneció al colegio de Termini y que comienza diciendo: “Breviter en vulgar todos complidos los exercicios espirituales, por los cuales el christiano exercitándose en ellos en breve verná en perfecto conoscimiento de su Criador, hasta las anotaciones últimas”. Lo mismo sucede en la copia castellana completa conocida como Exercitia 3 del Archivo Romano[3].
Se conocen cuatro copias latinas que sirvieron de base para el texto completo presentado para su aprobación: las tres primeras parecen ser las acomodaciones que se hicieron del texto para el uso de los ejercitantes, según el grado de los ejercicios que se les proponía. Para los Ejercicios de mes se usaba la que Fabro usaba en Colonia[4] y que dejó a los cartujos (agosto-octubre 1543, enero-julio 1544). No se trata de la copia personal de Fabro, fiel en todo al texto ignaciano, sino una copia que se les daba a los ejercitantes según sus disposiciones de acuerdo a la práctica comúnmente aceptada por los primeros jesuitas en sus inicios ministeriales en Italia. Se trata de una acomodación del texto completo, dispuesta para ejercitantes del retiro de treinta días y presenta varias omisiones en relación a la copia completa como en los misterios de la vida de Cristo. Resume el texto, lo abrevia y simplifica, pero a veces añade pequeñas glosas que muchas veces se convierten en verdaderas amplificaciones. La segunda copia, la más antigua de las que se conocen, fue usada para los ejercicios de la primera semana, con algunos complementos de las otras y corresponde a la que el sacerdote inglés John Helyar[5] copió en su cuaderno a título personal. Helyar debió hacer los Ejercicios durante su estancia en París, en 1535 bajo la dirección de Ignacio o, quizá más probablemente de Fabro durante la persecución desencadenada en Inglaterra contra los católicos por Enrique VIII.
La tercera copia, usada de una manera escueta sólo para la primera semana era utilizada por Fabro en Lovaina[6] para dar los Ejercicios ayudado por los estudiantes jesuitas de la universidad durante su estancia en esa ciudad, de octubre de 1543 a enero de 1541. La copia de referencia no es un escrito de Fabro, sino que la dictó a los estudiantes como una acomodación al texto completo. Fabro enfermó en Lovaina y aprovechó ese tiempo para dar Ejercicios, ayudándose de los estudiantes, especialmente de Francisco de Estrada, quien comenzaba a despuntar como excelente ejercitador. La copia se basó en el original y dispuso de los últimos retoques que el mismo Estrada pudo conocer durante su estancia en Roma en donde estaba siempre atento a las novedades en la revisión del texto, como hemos expuesto antes[7]. Esta copia contiene sólo los Ejercicios de la primera semana, el Principio y Fundamento, el Examen general con sus temas y el modo de hacerlo con sus cinco puntos. Se hace alusión al examen particular y se indican tres clases de mentiras con las obligaciones del propio estado u oficio. Propone también oración preparatoria y tres coloquios pidiendo obrar ahora lo que entonces querría haber hecho y evitar lo que desearía no haber realizado. Se añade la meditación del rey temporal y de la encarnación de Jesucristo y de toda su vida. No se mencionan los modos de orar.
Una cuarta copia contiene unos Ejercicios, tradicionalmente atribuidos a Polanco, pero que deben atribuirse más correctamente a Juan Coduri, uno de los primeros compañeros de Ignacio. Se trata de un ensayo elegantemente parafraseado y glosado con explicaciones doctrinales y autoridades de la Escritura y autores eclesiásticos[8]. Su composición se sitúa entre 1539 y 1541, año en que murió Coduri. Tiene correcciones de Broët y pasó también por las manos de Salmerón. Estamos ante un caso de adaptación de los Ejercicios en los que se explican algunos puntos como la diferencia entre contemplación y meditación y se aducen algunos textos de la Sagrada Escritura y los Santos Padres para confirmar algunos puntos.
La versión castellana también sufrió algunas acomodaciones, como la que usó el Doctor Ortíz en los Ejercicios que le dirigió san Ignacio en Montecassino, a principios de 1538 y en las que transcribió las Tres Maneras de Humildad y el tratado de las Elecciones[9]. Otra corresponde a la copia del Colegio de los ingleses de Valladolid que conserva las meditaciones de la primera semana, con glosas y nuevos puntos para el coloquio. Una más, en italiano, propia para la primera semana con casi todos los documentos de los Ejercicios de forma abreviada y resumida se conserva en el archivo de la Universidad Gregoriana de Roma[10].
Muchas otras copias con acomodaciones y adaptaciones corrían de mano en mano en el inicio del ministerio de los Ejercicios dados por ejercitadores diferentes a Ignacio cuando se repartieron por las universidades italianas aun antes de la aprobación de la Compañía de Jesús. Las acomodaciones se debían a la necesidad de adaptar los Ejercicios a los diferentes niveles de ejercitantes que comenzaron a solicitar el retiro ignaciano, en razón de su edad, fuerzas físicas, su preparación y capacidad intelectual, la disposición para vivir la experiencia completa o sólo una parte del retiro que les permitiera crecer en su vida espiritual. Estas acomodaciones dieron ocasión de escribir la anotación 18 de los mismos Ejercicios.
Todas las acomodaciones al texto completo de los Ejercicios eran para ayudar al que daba los Ejercicios y éste debía asumir que no se podían entregar al ejercitante pues el libro fue escrito para practicar los ejercicios propuestos bajo la guía de un acompañante experimentado y no como texto de lectura. El que daba los Ejercicios debía, en todo caso, aclarar cualquier duda que se presentara en el desarrollo de los Ejercicios, ya se tratase del método en sí, ya de la doctrina contenida en el libro. Algunas veces los acompañantes entregaban a sus ejercitantes resúmenes o extractos del libro que copiaban lo fundamental de las principales meditaciones, hacían glosa de textos o reproducían las indicaciones prácticas. Estas copias fueron objeto de protestas y muchos problemas pues muchas veces se prestaban a desviaciones y abusos por parte de los acompañantes quienes ponían su sello personal y falsificaban el sentido y orientación típicamente ignacianos. Los problemas ocasionaron el surgimiento de un nuevo género en los escritos ignacianos que consistía en hacer comentarios sobre el texto de los Ejercicios y que vinieron a evitar las acomodaciones del mismo texto.
Proceso redaccional de las Anotaciones
Sobre la fecha y lugar de redacción de las Anotaciones hay diferentes posiciones. Larrañaga distingue claramente el cuerpo de los Ejercicios y los materiales que, o le preceden o le siguen[11]. Las Anotaciones, en su opinión, forman un grupo de documentos nuevos con que se abren la Versio Prima y el Autógrafo[12] y forman parte de las innovaciones que hizo Ignacio a su llegada a Roma cuando comenzó a instruir a sus compañeros para que fuesen directores de Ejercicios y se apoya en que están ausentes en el texto de Helyar[13], a no ser por una alusión a lo que podría ser el origen de la Anotación 5ª y, además, de que en el texto de Fabro aparecen no al principio del texto sino al final, entre los Tres modos de orar y las Reglas de discreción de espíritus[14] y añade que en este texto su número es de dieciocho y no de veinte así como que en el texto de la número 18 se insertan textos incompletos de las Anotaciones 10ª y 20ª. Según Leturia, Watrigant y Codina, debemos fijar la fecha de composición de las veinte Anotaciones en los últimos años de París, entre 1534 y 1535[15] y probablemente en Roma sufrieron un proceso de acomodación semejante a otros textos. Nosotros nos inclinamos también por esta tesis.
Las veinte Anotaciones forman un pequeño Directorio con el cual se abre el libro de los Ejercicios. Forman un bloque completo con una apertura y un cierre que define lo que son los Ejercicios y su finalidad. Este bloque fue objeto de cuatro etapas redaccionales sucesivas[16], que se pueden apreciar, como sigue:
A) En el texto de Helyar y antes de los exámenes y ejercicios de la primera semana, se había puesto la Anotación 5ª que describía la disposición ideal de quien quería encontrarse con Dios y hacía los Ejercicios[17]. Por la literalidad de la traducción y las huellas de un latín deficiente se supone que fue la obra de un primer traductor, quizá el mismo Ignacio, que vio la necesidad de realizar una traducción decente para que pudiera circular entre los estudiantes y profesores de la prestigiosa Universidad de París. Sobre este punto se ha comentado que el latín de la primera traducción presentaba serias deficiencias que Ignacio no pudo superar aun después de sus dos años de cursar Humanidades. Todo parece indicar que fueron obra de este primer traductor las Anotaciones 3ª, 5ª, 11ª, 12ª, 13ª, 16ª y 20ª[18].
B) La segunda etapa redaccional se reconoce por el latín del primer colaborador que bien pudo haber sido Pedro Fabro y regula la intervención del que da los Ejercicios[19]. Este primer colaborador de Ignacio tuvo que corregir el latín de la primera traducción con palabras más adecuadas y un estilo más elegante y para ello es probable también que haya intervenido Salmerón quien tachó todo lo llamativo sustituyéndolo con formas correctas y elegantes. En favor de que pudo haber sido Fabro el primer colaborador en la traducción está también el conocimiento imperfecto del castellano ya que en varias ocasiones su intervención desfiguraba el sentido exacto del texto ignaciano[20]. Por otra parte, este primer colaborador de Ignacio debió haber permanecido con él en Roma cuando se preparaba la traducción definitiva La obra de este traductor contiene concretamente la 6ª, 7ª, 8ª, 10ª y 17ª. Citan las dos series de reglas para discernir espíritus por lo que se supone que fueron posteriores a la redacción de las mismas. En cambio, la 2ª, la 14ª y la 15ª, relacionadas con la práctica de las elecciones, son más modernas pues hay un grado superior de clausulación, con el empleo del estilo periódico. Lo mismo vale para la Anotaciones 1ª y 4ª[21].
C) Las Anotaciones 18 y 19 que tratan de las aplicaciones de los Ejercicios a diversas clases de personas, presentan un latín correcto y elegante lo que indica que son la obra de otro traductor[22]. En el texto de Colonia[23], aparecen también los números [44,2-9] sobre la confesión general con la comunión y la segunda parte de la Anotación [20, 5-10] que no aparecen en el texto de Helyar y que presentan un estilo bien distinto en el latín en que fueron escritas.
D) Uno de los últimos añadidos del primer corrector latino convertido en traductor, fue el que se refiere precisamente a la Anotación 18 sobre la forma de dar los Ejercicios leves, hasta la confesión del que es de poca capacidad natural y de quien no se espera mucho fruto. El texto C no registra los cambios; las anotaciones son 18, con la Anotación 19 formando parte de la 18 y una nota pasó a ser la Anotación 20. Cuando Ignacio revisó el conjunto de los Ejercicios, debió cuidar la redacción con un mejor estilo de esta última serie de Anotaciones que completaban las notas internas, que el P. Calveras llama “acomodaciones” y probablemente se las dio a traducir al primer corrector que hizo una muy buena traducción en:
reajuste de miembros, palabras guías y variación de expresiones y simplificaciones… Y reuniendo estas anotaciones con las otras que se dirigen a la actuación del mismo ejercitante, redactadas anteriormente y contenidas en la primera traducción latina, y poniéndoles por prólogo la anotación primera, en que se definen los Ejercicios, dejaría fijada su introducción[24].
Para Arzubialde[25], el texto de las Anotaciones responde finalmente a dos necesidades sentidas por Ignacio: la primera, cuando él daba personalmente el “modo y orden” de los Ejercicios y que necesitaba delinear claramente la actitud del ejercitante para ponerse en manos de Dios. Así, las Anotaciones que tratan de las “disposiciones que se requieren de parte del que se ejercita” son las siguientes y corresponden al texto que Barthes ha llamado alegórico[26] y que describe las disposiciones que debe tener el que se ejercita en su proceder ante Dios:
5ª la actitud o disposición general de apertura incondicional a Dios.
11ª la actitud con relación al trabajo de cada Semana.
3ª, 12ª y 13ª la reverencia debida y las normas de conducta en el momento de la oración.
16ª la libertad exigida para pasar a la elección.
20,2-10 y, finalmente, la necesidad del apartamiento y soledad; la atmósfera ambiental más favorable, de total libertad frente a la presión ambiental, para poder dedicarse con todo ahínco a la única cosa que verdaderamente importa: decidir la vida ante Dios.
La segunda necesidad sentida por Ignacio fue en el momento en que tuvo que instruir a sus compañeros sobre el modo de dar los Ejercicios a otros, sobre el modo y la materia de la entrevista. De esta necesidad surgió una especie de Directorio que contiene indicaciones prácticas sobre el papel del que da los Ejercicios en relación con quien los hace. Este sería, en lenguaje de Barthes, el texto literal[27] que es el que Ignacio les dirige a ellos. Según Arzubialde[28], las Anotaciones responden a esta necesidad, indicando:
2ª y 17ª cómo dar “modo y orden”, conforme a las necesidades del individuo.
4ª la división general de la experiencia.
12ª cómo se ha de hacer cada ejercicio.
6ª, 10ª, 17ª la conducta del que da los Ejercicios con relación a las varias agitaciones y pensamiento que le sobrevienen al que se ejercita.
14ª y 15ª la actitud del que da los Ejercicios en el momento en que el hombre se halla en elección.
18ª, 19ª y 20ª,1 los modos posibles de acomodación de la experiencia.
[1]Leturia (1948a), 35.
[2]MI., ED., 164 y Calveras (1962), 3.
[3]Hay dos textos: uno latino y el mencionado, en castellano. Calveras (1962), 1.
[4]Calveras (1962), 27 y Dalmases (1987), 31.
[5]Dalmases (1987), 30.
[6]Calveras (1962), 40 y Dalmases (1987), 31.
[7]Véanse sus cartas de junio y septiembre de 1539 en las que pide copia de todo lo nuevo, en MHSI., EM., I, 22-29.
[8]Calveras (1962), 4 y Dalmases (1987), 30-31.
[9]Abad (1956), 437-451.
[10]Calveras (1962), 6.
[11]Larrañaga (1956), 152.
[12]MI., Ex., 140-163.
[13]MI., Ex., 425.
[14]MI., Ex., 492-496.
[15]Leturia (1941), 21; (1962), 71; Watrigant (1897), 69-71 y Codina (1926), 133-147.
[16]Arzubialde (1991), 35.
[17]MI., Ex., I, 429.
[18]Leturia (1962), 71.
[19]Bernard-Maitre (1926), 86-87.
[20]Leturia (1962), 78-79.
[21]Arzubialde (1991), 36; Leturia (1962), 72.
[22]Leturia (1962), 72.
[23]MI., Ex., I, 459-460.
[24]Calveras (1962), 88-89.
[25]Arzubialde (1991), 37.
[26]Barthes (1971), 48-49.
[27]Barthes (1971), 47.
[28]Arzubialde (1991), 37-38.







