Homilía por Raúl y Jesús Trujillo Herrera a 15 años de su desaparición

Ago 28, 2023 | Discursos

—José Francisco Méndez Alcaraz

 

Nos hemos reunido aquí como una muestra de solidaridad y de esperanza. Solidaridad para con Doña Mari Herrera, su familia y para cientos de miles de familias cuyos seres queridos han sido desaparecidos forzosamente. En lo personal, me trae no solo el deseo de acompañarles, sino también, la esperanza que despiertan en quienes han seguido de cerca sus luchas por la dignidad y el rescate de sus hijos, hijas, hermanas, hermanos, padres y madres, amistades…

 

Y la primera lectura habla sobre lo que siento y estoy seguro sienten otras muchas personas que hemos tenido la gracia de poderles acompañar: “Siempre damos gracias a Dios por ustedes y les tenemos presentes en nuestras oraciones”. Ustedes nos han mostrado una fe activa, un esfuerzo alimentado por el amor de sus seres queridos y en solidaridad con otras familias que padecen un dolor semejante y una esperanza en Jesucristo, quien venció al mal.

 

Con ustedes, he podido constatar que la fe va más allá de solo dejar en las manos de Dios y de otras personas lo que nos aflige, las preocupaciones, dolores y sufrimientos, sino que de la mano de Dios se ponen en marcha, en camino para buscar -con un deseo profundo de encontrar- a sus seres queridos. Es una fe como la de Abraham, quien sin tener certezas se lanzó a buscar la tierra que el Señor le ofrecía y esto lo veo en ustedes, una fe firme que no suprime el dolor o la angustia pero que les otorga la audacia para seguir confiando en Dios para pedir que les siga fortaleciendo en su lucha por recuperar a sus seres queridos, búsqueda constante con fe, con la esperanza de encontrarles vivos y al mismo tiempo con la zozobra de recibir alguna noticia más dolorosa.

 

En pocas palabras, creo que ustedes son quienes nos indican por dónde seguir sembrando la semilla de la dignidad y de la justicia. Frente al sufrimiento por la desaparición forzada de sus seres queridos y la impotencia por la injusticia, nos han enseñado la resiliencia; por otro lado, también ustedes nos enseñan a permanecer despiertos, sus gritos de “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, su “basta ya”, sus manifestaciones, sus búsquedas, son llamadas de atención, nos mueven a no acostumbrarnos como sociedad, a no normalizar las desapariciones forzadas y la falta de justicia que vivimos.

 

Frente a la violencia generalizada en nuestro país que va llevando a una espiral de inhumanidad, ustedes, Doña Mari y todas las personas que se encuentran luchando por la justicia para sus seres queridos desaparecidos, nos enseñan el lado humano, nuestra condición de personas con capacidad de crear estructuras justas en donde sea posible vivirnos en paz. La justicia es una exigencia y un horizonte que no debemos perder de vista, pues de ella depende, en gran medida, el que podamos construir un mundo como Dios desea, en donde podamos vivirnos en armonía y paz.

 

No me queda la menor duda de que Nuestra Señora, la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe está a su lado, acompañándoles en su caminar, así como acompañó a su Hijo en el Gólgota y como ha acompañado a la Iglesia en su caminar por tantos siglos. Pido a ella, quien padeció, con su dolor de madre, la pasión de su Hijo Jesús, que les siga acompañando e intercediendo ante el Hijo por ustedes. Que así sea.

 

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