Lo que tiramos también habla de nosotros

Sep 29, 2026 | Ecología Integral, Noticias

—Red de Ecología Integral, Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús

Cada 29 de septiembre, por iniciativa de la Asamblea General de la ONU desde 2019, se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.

Esta fecha busca llamar la atención sobre una dolorosa paradoja: mientras millones de personas enfrentan hambre e inseguridad alimentaria, una parte considerable de los alimentos producidos nunca llega a consumirse. Según datos de la ONU, aproximadamente el 13 % de los alimentos se pierde entre la cosecha y la venta minorista, mientras que alrededor del 19 % de la producción mundial se desperdicia en hogares, servicios de alimentación y comercios.

En una sociedad acostumbrada a producir, consumir y desechar con rapidez, tirar comida puede parecernos un acto cotidiano y sin ningún impacto. Sin embargo, el papa Francisco advertía que detrás de esta práctica se esconde una «cultura del descarte» que termina afectando nuestra manera de relacionarnos con las cosas, con la creación y, fundamentalmente, con las personas.

En su encíclica Laudato si’, nos recuerda que «el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre» (LS 50). No solo porque cada alimento desperdiciado pudiera llegar directamente a quien tiene hambre, sino porque el desperdicio revela la enorme contradicción de vivir en un mundo capaz de producir en abundancia y, al mismo tiempo, incapaz de garantizar que todos puedan tener alimento en su mesa.

En cada alimento hay tierra, agua, energía, trabajo y vida. Hay agricultores que sembraron y manos que cosecharon, transportaron y prepararon. Cuando todo ello termina innecesariamente en la basura, también se desecha una parte del esfuerzo humano y de los bienes que la Tierra nos ofrece.

Por eso, escuchar el clamor de la tierra implica necesariamente escuchar el clamor de quienes tienen hambre. Como ha continuado señalando el papa León XIV, una verdadera transición ecológica debe poner en el centro tanto al ambiente como a las personas, y ayudarnos a transformar nuestros recursos en vida, cuidado y alimento para quienes más lo necesitan.

Frente a la cultura del descarte, la ecología integral nos propone otra forma de habitar el mundo: agradecer, cuidar, compartir y consumir con sobriedad. Quizá la pregunta central no sea solamente cuánto alimento desperdiciamos, sino qué relación queremos construir con los bienes que recibimos, con quienes los hacen posibles y con aquellas personas que todavía esperan un lugar en la mesa.