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“El Espíritu es como el viento, no sabes de dónde viene ni a dónde va pero oyes su voz” 

Vivir implica decidir, optar, elegir opciones entre las diversas posibilidades que tienes en cada momento determinado de tu vida. Este optar es fundamental debido a que en cada decisión, por pequeña que sea, te configuras y “tomas forma”.

Un auténtico cristiano es el que, consecuente con su experiencia de fe, va adquiriendo una convicción sentida de hacer que toda su vida y su acción transcurran según las normas del Evangelio y la guía del Espíritu Santo. Orienta toda su existencia según las mociones del buen espíritu, es decir, lleva una vida en y según el discernimiento espiritual. Este será también el camino de un auténtico ejercitante.

No podemos negar la dificultad sentida de conocer y seguir al Espíritu Santo. Jesús nos dijo: El Espíritu es como el viento, no sabes de dónde viene ni a dónde va pero oyes su voz (cf. Jn 3, 8;). Si no podemos conocerlo directamente, sí lo podemos conocer indirectamente por sus efectos: por sus dones, por sus carismas, por sus frutos en nosotros y especialmente por sus mociones interiores. Escuchar la voz del Espíritu es saber leer, en discernimiento espiritual, las mociones del Espíritu Santo.

La originalidad de las reglas de discernimiento de espíritus de los Ejercicios consiste en que ellas nos suministran una clave de interpretación de las mociones. espirituales a través de las virtudes teologales y de los sentimientos intelectivo‑afectivos que los acompañan o de sus opuestos, según que el espíritu sea bueno o malo.

  1. San Ignacio y el discernimiento espiritual

Los Ejercicios de San Ignacio de Loyola son obra de su experiencia, personal y ajena, espiritual y psicológica. Están basados en el primer hallazgo espiritual del aprendiz de santo en Loyola y Manresa: el discernimiento espiritual  [1]. 

Ignacio fue el primer ejercitante con sus rudimentarios Ejercicios Espirituales que contenían la quinta esencia del método: Este fue el primero discurso que hizo en las cosas de Dios; y después cuando hizo los ejercicios, de aquí comenzó a tomar lumbre para lo de la diversidad de espíritus [2].

Estas reglas tuvieron su origen en su convalecencia en Loyola; fueron practicadas y anotadas la primera vez en Manresa; llegaron a su maduración y redacción definitiva en París y Roma. Loyola fue, pues, el escenario donde Ignacio descubrió el discernimiento espiritual que ya existía en la Iglesia y que nadie se lo había enseñado. Es un autodidacta en la materia, guiado siempre por la ayuda de Dios.

Fue un descubrimiento fenomenal el de este recién convertido, puesto como un niño en la escuela del Divino Maestro [3]. El discernimiento como hilo conductor, como clave de lectura de todos los Ejercicios, unido a la elección de estado y substrato de todos los exámenes y ejercicios de cada semana, es el aporte más original y novedoso de San Ignacio a la espiritualidad cristiana.

(Fragmentos de Darío Restrepo, S.J.)

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