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 Fe y Ciencia

La complejidad de los problemas que encaramos y la riqueza de las oportunidades que se nos ofrecen piden que nos comprometamos en tender puentes entre ricos y pobres, puentes en las fronteras ideológicas, religiosas y culturales.

Nuestro apostolado intelectual nos proporciona una ayuda inestimable para establecer estos puentes, ofreciéndonos nuevos modos de entender en profundidad los diversos mecanismos e interconexiones de los problemas actuales.

Ciencia y Espiritualidad

¿Cómo se puede explicar la presencia de los jesuitas en la Ciencia?, no cabe duda que otras órdenes y congregaciones religiosas han tenido personalidades científicas de relieve, por ejemplo, Gregor Mendel, pionero de la genética, de la orden de San Agustín. Sin embargo, en el caso de los jesuitas se trata de una presencia continuada e institucional, desde los principios de su fundación hasta el presente. Por ejemplo, es indicativo de esta presencia el hecho que 18 años después de su fundación, Pio X encargara a los jesuitas la dirección del Observatorio Vaticano, que se mantiene en el presente.

Esta presencia se mantuvo durante el tiempo de la Compañía antigua hasta su supresión en 1773 y cómo se continuó después de su restauración en 1814, hasta nuestros días. Es de notar que la supresión de la Compañía coincidió con un gran florecimiento del trabajo de jesuitas en las ciencias naturales, sobre todo en matemáticas y astronomía con su enseñanza en la red de colegios y la creación en Europa, desde 1720 de más de 30 observatorios.

La Compañía restaurada, a pesar de las dificultades que encontró al principio, creó más de 70 observatorios astronómicos y geofísicos que florecieron entre finales del siglo XIX y mediados del XX. Podemos preguntarnos, por lo tanto, que hay de especial en los jesuitas que explique esta dedicación continuada a las ciencias.

Uno de los primeros estudios que tratan de dar una respuesta a esta pregunta es el de Steven J. Harris . Aunque su análisis está basado solo en los jesuitas de los siglos XVII y XVIII, sus ideas se pueden aplicar también a los de la Compañía moderna.

Harris pone el fundamento de la dedicación de los jesuitas a la ciencia en su “espiritualidad apostólica” que está en el núcleo de la “ideología jesuita”. El término ideología jesuita lo usó por primera vez Rivka Feldhay para referirse a la consideración del conocimiento como camino de salvación.

Para Harris los principales elementos de la espiritualidad jesuita son en primer lugar el énfasis puesto en el servicio que canaliza los sentimientos religiosos “hacia fuera”, incluyendo actividades seculares que no se asocian generalmente con la vida religiosa y el encuentro y compromiso con el mundo que lleva a la comprobación por la experiencia de las ideas y proyectos. En el campo científico de esta actitud se sigue la importancia dada a la observación y el experimento, es decir, a los aspectos experimentales de la ciencia. Para Harris, la espiritualidad apostólica es la fuerza básica que conforma el carácter de la actividad de todo jesuita. Otro elemento importante, según este autor, es una estima por el conocimiento y la educación que llevó a la Compañía desde sus orígenes a la 2 de colegios y universidades, en las cortes europeas con las personas influyentes y en el apostolado de las misiones en lejanas tierras no cristianas.

El esfuerzo del influyente jesuita Clavius por introducir las ciencias matemáticas en las enseñanzas de los colegios que quedó reflejado en las recomendaciones de la Ratio Studiorum. Clavius insistió en que las matemáticas eran verdadera ciencia, en contra de opiniones contrarias predominantes en los ambientes tradicionales de la época, y en que eran totalmente necesarias para el estudio de la filosofía natural.

La introducción de las ciencias matemáticas, como elemento importante en los programas de los colegios, correspondía además a una demanda social de aquella época en la que iba creciendo la importancia de la nueva ciencia.

La novedad en la dedicación a las ciencias matemáticas de los jesuitas en el siglo XVII se manifiesta en el memorial enviado al rey de España Felipe IV por miembros de las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares con ocasión de la elevación del Colegio Imperial de Madrid a la categoría de Reales Estudios. En el memorial se oponían a este plan y argüían que no era conveniente ni “decente” para religiosos enseñar materias profanas como matemáticas, astrología, navegación y ciencias militares.

Los jesuitas respondieron que los jesuitas pueden enseñar lícitamente matemáticas porque estas son parte de facultades no profanas y seculares, sino eclesiásticas y religiosas y además necesarias para saber filosofía y para evitar “el abusivo empleo que el vulgo hace de ellas en sus pronósticos y supersticiones”.

Después de su restauración en 1814, en la Compañía renovada la presencia de los jesuitas en las ciencias se justificaba además como un argumento apologético en contra de los que atacaban a la Iglesia como enemiga de la ciencia.

La presencia de jesuitas en ciencias y la existencia de sus propias instituciones científicas se presentaba como un claro argumento contra estas falsas acusaciones y un ejemplo de la compatibilidad entre fe cristiana y ciencia.

Esta espiritualidad está basada en las dos grandes obras de San Ignacio los Ejercicios espirituales y las Constituciones. En ellas se encuentran las líneas fundamentales basadas en las experiencias ascéticas y místicas del mismo San Ignacio de lo que se conoce como la “espiritualidad ignaciana”.

Los Ejercicios Espirituales, realizados durante un mes, dos veces, al principio y la final de la formación de todo jesuita y repetidos durante ocho días todos los años, forman el núcleo de su espiritualidad. Una de las características más importantes de la espiritualidad ignaciana es la de ser una mística del servicio, entendiendo por ello el servicio a Dios a través del ministerio apostólico con los hombres. Así está establecido en las Constituciones al definir el fin de la Compañía de “procurar de ayudar a la salvación y perfección de las (almas) de los prójimos”. Este servicio tiene además una vertiente como servicio en la Iglesia. La frase que aparece a menudo en los escritos de San Ignacio y que se ha convertido como en la divisa de los jesuitas es “para mayor gloria de Dios” (Ad maiorem Dei Gloriam), para indicar el fin último de todo trabajo del jesuita. La frase está ya en San Pablo, “hacedlo todo para Gloria de Dios” (1Cor 10,31) a la que San Ignacio añadió el comparativo “mayor”, indicando la búsqueda que todo jesuita debe hacer de aquello que “más” conduce al fin buscado en cada caso, como se expresa en la meditación del “Principio y fundamento”. El “más” (en latín magis) es también una peculiaridad de esta espiritualidad. En cada momento histórico el jesuita se ve motivado por esta espiritualidad a buscar ese “más” en todos sus trabajos. Muchos jesuitas encontraron ese “mas” en el trabajo científico.

Por otro lado, insiste San Ignacio en sus escritos en “encontrar a Dios en todas las cosas”, indicando una actitud de oración en la vida activa. En este aspecto es importante la última meditación de los Ejercicios Espirituales, la “Contemplación para alcanzar amor”. En ella se pide al que hace los Ejercicios contemplar cómo “Dios habita en las criaturas” y cómo “trabaja y labora por mí en todas cosas criadas”. Esto convierte todas las cosas, personas y circunstancias en ocasiones para encontrar a Dios. Al resaltar, también, San Ignacio la humanidad de Cristo está invitando a que todo lo humano, entre ello podemos incluir la ciencia, sea lugar de encuentro con Dios.

Tomado de: https://www.teilhard.fr/sites/default/files/pdf/sc.spj_.es_.pdf

Ciencia y Espiritualidad by Comunicación Jesuitas México on Scribd

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