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El liderazgo ignaciano es un llamado a construir puentes desde la colaboración, a desear paz y bien y ser mensajeros de reconciliación y justicia. Invita a impulsar el trabajo entre los jesuitas y las obras de la Compañía y así servir a una misión universal.

Desde la perspectiva de ignaciana se propone una forma distinta de aproximarse a al éxito y el liderazgo deben obedecer a la búsqueda del mayor bien y más universal, con una lógica de servicio más que de privilegio, en busca de la solución de la mayor necesidad y en beneficio de la mayoría. Más que buscar la competitividad o la competencia vacía, se debe buscar la participación, la colaboración, el trabajo en red y el bien común; no se trata de ser los y las mejores del mundo, sino de construir un mundo mejor; no se trata de la búsqueda del éxito individual, sino de generar condiciones para que la gente con menores oportunidades tenga éxito. Se trata de un liderazgo compartido, cuyo centro está en a las obras, comunidades y proyectos y no en la figura o nombre de quien ejerce el liderazgo.

Ser líder no es sencillo. En palabras del P. Adolfo Nicolás, SJ, esta labor se facilita y rinde mejores frutos si se asume desde el estilo de liderazgo ignaciano, el cual se concibe como una actividad fundamentalmente espiritual y de servicio, a través de la que se busca reforzar y animar actitudes y valores evangélicos, así como ayudar al crecimiento de la persona con base en las enseñanzas de Cristo. Entre las características clave que debe reunir quien busca ser un buen líder, el P. Nicolás identifica: Que genere confianza, con gran visión de hacia dónde deben ir las cosas, así como capacidad de adaptarse a las condiciones del entorno; que sepa distinguir entre gestión y liderazgo, pues el gestor hace las cosas bien mientras que el líder hace buenas cosas; que tenga la habilidad para capacitar a sus colaboradores en el pensar, imaginar y realizar; que sea un gran comunicador; y que esté siempre abierto a una evaluación y medición continua. Condiciones no fáciles de reunir y necesarias en un mundo ávido de líderes, como los que se pueden formar siguiendo las enseñanzas de san Ignacio de Loyola.

https://publicaciones.iteso.mx/libro/liderazgo-ignaciano_79766/

Ignacio era un líder y sus enseñanzas se traducían en profundos hábitos de reflexión y acción. El liderazgo ignaciano infunde ciertos modos de proceder; se trata de una orientación que arroja frutos y nutre a las comunidades y los pueblos cercanos a Dios.

Características del liderazgo ignaciano: una orientación que da fruto

Compartimos este texto de Sarah Broscombe, Coordinadora del Programa de Liderazgo Ignaciano en Yorkshire, Reino Unido, sobre el carácter del liderazgo ignaciano y sus transformaciones y nuevos matices.
El liderazgo ignaciano está experimentando un cambio irreversible. Algo quizá en absoluto sorprendente: la historia de la Compañía está llena de demandas extraordinarias y de cambios extraordinariamente creativos en respuesta. Pero hasta no hace mucho casi todos los líderes ignacianos eran jesuitas. El liderazgo era, por tanto, una implementación de la formación jesuita, a menudo más instintiva que deliberada. Esta formación (noviciado; estudios prolongados; vida comunitaria, si bien relativamente poco convencional; experimentos; las lentes de los Ejercicios Espirituales y las Constituciones jesuitas) no homogeneiza a los individuos, pero infunde un modo de proceder y un encuentro estructurado con una espiritualidad específica. Y ello se traduce en algunos enfoques comunes y en un vocabulario compartido para pensar sobre el liderazgo y el gobierno. En el caso de los líderes ignacianos laicos, la formación es menos concienzuda y coherente. El encuentro con lo que significa ser ignaciano puede producirse a través de los Ejercicios Espirituales, de cursos de formación o incluso de la mera lectura. Leer más

Tomado de :https://cpalsocial.org/caracteristicas-del-liderazgo-ignaciano-una-orienacion-que-da-fruto-2240

Catálogo de Publicaciones, ITESO

Espiritualidad Ignaciana

Nuestro propósito va más allá de la experiencia humana: buscamos fortalecer nuestro interior usando las más profundas energías. Salimos de nosotros mismos y amamos desinteresadamente para hacer la voluntad de Dios y dar un sentido a la vida.

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Vocaciones y jóvenes

El llamado para iniciarse como jesuita en el noviciado, o en algún voluntariado, en algún proyecto, campamento o red juvenil, comienza con un discernimiento mediante un conocimiento profundo de sí mismo.

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Educación

El acompañamiento a las personas para crear un compromiso con un mundo más justo es una de las características que identifica a la Compañía de Jesús con la educación. Es  uno de los campos fundamentales de nuestra actividad apostólica.

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Red de ideales

El discernimiento, la colaboración y el trabajo en red son tres conceptos que se establecieron en la Congregación General 36 de la Compañía de Jesús como las líneas de acción en la que los jesuita emprenden sus ideales.

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