Homilía 20 de diciembre de 2022. A seis meses de Cerocahui.

Homilía 20 de diciembre de 2022. A seis meses de Cerocahui.

Dios pone sus ojos en lo pequeño, lo imposible o lo difícil. Ahí envía a sus mensajeros a proclamar una buena noticia, una noticia que abre caminos y posibilidades. Dios es el que enciende una luz en medio de la oscuridad.

El mensajero le dice a María, una mujer pequeña, de los márgenes, “Alégrate, tu vida ha estado llena de gracia, el Señor está contigo”. Un saludo que le asusta, le hace preocupar y le hace pensar. Ante esto el mensajero le dice “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios y darás a luz un hijo que reinará y su reinado no tendrá fin”.

María sigue dudando, le cuesta aceptar el llamado, y ahí el mensajero le dice “el Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, para Dios no hay nada imposible”. Tu vida toda será acompañada por la fuerza de Dios.

Los clamores de nuestro pueblo hacen surgir muchas Marías y muchos mensajeros en nuestra vida, mujeres que se indignan ante la injusticia y el dolor, y en esa indignación sienten el llamado de Dios a dar vida y ser compañeras de Jesús en la construcción de su reino.

En esa pedagogía de Dios el primer paso es reconocer cómo nuestra vida ha estado llena de gracia, cómo en ese dolor aparece la fuerza y el coraje, la resistencia y la compasión. Eso nos ayudará a tener la esperanza de que este Dios siempre estará con nosotros, Él nos acompañará para mostrarnos la palabra y para darnos su consejo y su sabiduría.

Hoy recordamos los seis meses del asesinato de nuestros hermanos Javier y Joaquín, y con este texto sentimos que los mensajeros de Dios nos invitan a reconocer la gracia que ha suscitado su martirio, reconocer la vida y la fuerza que surge de la indignación, la unión y la solidaridad, ahí está la justicia de Dios.

Son dos asesinatos que se unen a tantos más que ocurren diariamente en el país, ahí está la sangre que se convierte en un llamado a construir la paz, la justicia y la seguridad. Pero sabiendo la complejidad de esta realidad, los intereses que se juegan al interior de las instituciones, Dios nos dice “no teman, yo estaré siempre con ustedes, para Dios no hay nada imposible”. Palabras de aliento y confianza.

Por eso hoy decimos en memoria de nuestros hermanos, Dios está haciendo justicia suscitando la indignación y la fuerza para emprender caminos de paz desde lo local, suscitando voluntades para avanzar en la construcción de condiciones de seguridad, y nosotros seguimos pidiendo que este asesinato no quede impune, que se revise el sistema de justicia que favorece esta impunidad, se revise la estrategia de seguridad nacional que favorece el control territorial de los grupos armados y se deje de fomentar el odio y la polarización que alienta la violencia. Para Dios no hay nada imposible.

La Compañía de Jesús en México conmemora 95 años del fusilamiento del jesuita Miguel Agustín Pro Juárez.

La Compañía de Jesús en México conmemora 95 años del fusilamiento del jesuita Miguel Agustín Pro Juárez.

El pasado 23 de noviembre, los jesuitas en México hicimos una peregrinación y celebramos una misa solemne en honor a nuestro beato jesuita Miguel Agustín Pro Juárez, quien fue ejecutado en la Ciudad de México el 23 de noviembre de 1927, durante la Guerra Cristera.

Miguel Agustín Pro fue acusado sin pruebas del atentado contra el general Álvaro Obregón, la ejecución se realizó sin contar con un abogado defensor y sin derecho a un juicio previo.

Sin embargo, el Padre Pro, como le conocen sus fieles, sirvió a Dios y a su pueblo, siempre cerca de toda persona necesitada y sufriente, sin importar que tuviera que vivir su ministerio sacerdotal en la clandestinidad, volviéndose así, un símbolo de respeto a la dignidad y los Derechos Humanos.

Por ello, en 1988 Juan Pablo II beatificó al Padre Pro y se espera la pronta canonización.

Cada año, cientos de fieles se dan cita en la Parroquia de la Sagrada Familia, en la Ciudad de México, donde descansan sus restos, para ser bendecidos con agua y aceite; además, se realiza una peregrinación que parte desde el lugar donde fue fusilado y se finaliza con la misa especial por el beato.

El jesuita Francisco Xavier Clavigero acuñó el término «mexicano».

El jesuita Francisco Xavier Clavigero acuñó el término «mexicano».

25 de junio de 1767. Los jesuitas recluidos en la capilla del Colegio de Santo Tomás, en Guadalajara, salen por una puerta lateral hacia lo que hoy se conoce como la calle Pedro Moreno. Van con rumbo al puerto de Veracruz, pero su destino final está todavía muy lejos. Debido al decreto del rey Carlos III, todos los integrantes de la Compañía de Jesús deben abandonar los territorios de la corona española. Los religiosos exiliados tienen por destino los Estados Pontificios. En el grupo de los jesuitas que tuvieron que abandonar el colegio de Guadalajara se encuentra Francisco Javier Clavigero. No lo sabe todavía, pero el jesuita está por vivir una experiencia que influirá en su trabajo y le granjeará un importante lugar en la historia de México. 

“Lo que detona la que llegaría a ser su obra más famosa, Historia Antigua de México, es llegar a Europa y conocer la visión que tienen algunos intelectuales europeos sobre América y sus habitantes. Tienen una concepción torcida en la que incluso minusvaloran, rebajan la dignidad y las capacidades de los habitantes y del propio territorio americano, una imagen terrible”, explica Arturo Reynoso, SJ, quien califica a Clavigero como “un personaje fascinante, una figura fundamental en el devenir histórico del país”. 

México lindo y querido 

 

Francisco Javier Clavigero nació el 9 de septiembre de 1731 en el puerto de Veracruz, en el virreinato de la Nueva España. Lejos estaba todavía el nacimiento de México como país, que ocurriría en septiembre de 1821. Hijo de padres españoles, Clavigero era lo que, en ese entonces, cuando la sociedad estaba organizada por castas, se conocía como un criollo, es decir, una persona nacida en la Nueva España e hijo de peninsulares.  

Estudió en el Colegio de San Jerónimo en Puebla, primero, y en el de San Ignacio, después. En 1748 ingresó al colegio jesuita de Tepotzotlán, en el hoy Estado de México, y en 1754 fue ordenado sacerdote. En 1758 fue enviado al Colegio de San Gregorio, en la capital mexicana, donde se educaba a la población indígena. También enseñó en los colegios de San Francisco Javier, en Puebla, y el de Valladolid, hoy Morelia. En cada una de sus estancias se mantuvo fiel a su trabajo entre los pueblos indígenas. En 1766 fue asignado al Colegio de Santo Tomás, en Guadalajara, y estuvo solo un año, porque de ahí partió rumbo al exilio. 

A pesar de sus orígenes españoles, Clavigero, dice Arturo Reynoso, SJ, “adoptó a los antiguos mexicanos como sus abuelos, siendo él criollo. Siempre tuvo sensibilidad hacia los distintos grupos con los que convivió desde niño y esta sensibilidad se mantuvo en su deseo de servicio. Fue un apasionado de las artes mexicanas, dominó el náhuatl, descubrió el valor civilizatorio de los diferentes grupos indígenas del país, específicamente el de los mexicas. Su deseo de conocimiento lo llevó a recuperar y a sistematizar toda la riqueza del pasado”. 

Si muero lejos de ti 

 

Tras abandonar el país por el decreto de Carlos III, Francisco Javier Clavigero llegó a Bolonia en 1770, donde se instaló de forma permanente. Ahí tuvo contacto con las ideas desfavorables que tenían los intelectuales europeos sobre el Nuevo Continente y, como respuesta, dio forma a la que sería una de sus obras más reconocidas: la Historia Antigua de México, un libro que “es una aportación fundamental. Realizó una sistematización que vino a dar soporte histórico a una nación que tiene muchos rostros”, explica el padre Reynoso. El también jesuita y experto en la historia de la Compañía, añade que si bien la expulsión de los jesuitas fue importante para que Clavigero conociera de primera mano las ideas que circulaban en Europa y comenzara a escribir su Historia Antigua de México, es muy probable que hubiera realizado la obra de cualquier manera. “Lo habría escrito tarde o temprano porque el flujo de obra, el intercambio de ideas, era constante entre el Nuevo y el Viejo Continente. Seguramente se habría enterado. Lo que sí pasó es que en el exilio le fue más difícil el trabajo, lejos de sus materiales, de sus bibliotecas”. 

Lo que hizo Clavigero en Historia Antigua de México fue presentar de manera global y esquematizada una historia que hasta entonces estaba fragmentada. Arturo Reynoso explica que, si bien México como nación no surgiría sino muchos años después, lo que hizo Clavigero fue “reivindicar a quienes les costaba trabajo tener cómo hacerse escuchar. Él dice que le hubiera resultado más fácil defender la causa de los criollos, pero en lugar de eso se hace llamar mexicano”. El valor de su obra, remata Reynoso, tiene que ver con que dio “un fundamento histórico-teórico a la nación mexicana. Más que exaltar su condición criolla, redignificó la integración entre lo indígena y lo español”. 

Que me traigan aquí 

 

Francisco Javier Clavigero murió el 2 de abril de 1787 en Bolonia. Cuando murió, lejos de mejorar, la situación de los jesuitas había empeorado: además de la expulsión de los territorios de la corona española, la orden religiosa fue suprimida en 1773 por el papa Clemente XIV. La restauración de la Compañía de Jesús vendría hasta 1814. En ese año, México ya había comenzado su largo andar camino a su Independencia. 

Arturo Reynoso, SJ, es profesor del ITESO y especialista en historia de la Compañía de Jesús. Foto Luis Ponciano

Para Arturo Reynoso, SJ, a pesar del reconocimiento que se le da a Clavigero como historiador y a la importancia de su obra, “falta mucho conocer su legado, fue un hombre polígrafo que abarcó varios temas con erudición”. Añade que para la Compañía de Jesús se trata de una obra de gran valor y destaca el hecho de que Clavigero es admirado y respetado. Menciona, por ejemplo, que en Guadalajara hay un espacio que lleva su nombre, la Casa ITESO Clavigero. “Es un privilegio contar con estos personajes y debemos aprovechar lo que han producido”, remata el historiador jesuita.  

Los restos mortales de Francisco Javier Clavigero reposan en Ciudad de México, en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores, donde se depositaron luego de que fueran repatriados desde Bolonia, Italia, el 6 de agosto de 1970. Ese día, Agustín Yáñez calificó a Clavigero como “constructor eminente de nuestra nacionalidad”. 

Fuente: cruce.iteso.mx

Conversatorios por la Paz

Conversatorios por la Paz

Con la intención de abrir espacios de diálogo en el ámbito local para recuperar la sabiduría de la ciudadanía en los temas de paz, justicia y seguridad, presentamos la propuesta de “Conversatorios por la Paz”. Se trata de un itinerario de diálogos sociales que anime las iniciativas locales de paz y nos prepare para el Encuentro Nacional para la justicia y la paz, donde se socializará la experiencia de los conversatorios, se dialogará con diferentes actores sociales y se elaborarán recomendaciones para avanzar en la construcción de la paz.

La complejidad de la violencia que daña la seguridad y la convivencia social requiere de herramientas que posibiliten la búsqueda y aplicación de alternativas viables para restablecer la paz. Por esta razón proponemos la realización de los “Conversatorios por la paz”, que son espacios participativos de diálogo donde se comparten experiencias y se construyen aprendizajes para prevenir la violencia en los diferentes niveles de vida.

Este material se elaboró con los aportes de CIAS POR LA PAZ A.C., a quien agradecemos compartir su experiencia y la metodología de estos conversatorios.

Los Jesuitas y la construcción de la nación mexicana

Los Jesuitas y la construcción de la nación mexicana

Ponencia del Dr. Alfonso Alfaro[1] en el Centro Juvenil Vocacional

Los festejos de la Independencia de México nos invitan a realizar un ejercicio de memoria. Será conveniente impulsar un examen de conciencia como nación, es decir, ¿por qué estamos donde estamos? Las fiestas tienen esa gran ventaja, son ese momento de excepción donde el tiempo se detiene y nos permiten mirar hacia atrás. En este momento podemos hacer un balance consciente de poco más de dos siglos como sociedad mexicana.

Es importante hacer una diferencia entre el pasado y la memoria. El pasado es recordar simplemente lo que sucedió en aquel tiempo, sin embargo, la memoria son los efectos que tiene un episodio en cada uno de nosotros. La memoria selecciona lo que conviene o resulta útil recordar. Esto que hacen los sujetos también lo realizan las instituciones.

La fabricación de la memoria nacional la ha ido haciendo el Estado mexicano y él ha escogido lo que le ha parecido más fundamental. El Estado ha escogido un fenómeno, un personaje y un momento. El fenómeno escogido ha sido el movimiento de la independencia, el personaje es Hidalgo y el momento es 1810. Es la memoria que el Estado ha recogido que vale la pena ser recordada.

Tal vez, sea el momento de desplazar esa memoria hacia otros acontecimientos. Existen diferentes maneras de recordar un mismo hecho. Por ejemplo, la empresa recuerda el día en que la tienda se abrió y le dieron la licencia, pero la familia de esa misma empresa recuerda a la abuela que enseñó la receta original y por eso se tiene una tienda exitosa, como persona clave y quien tiene la autoridad. Muchas veces, los verdaderos héroes no son visibles o están en los sótanos. Quizás es momento de dejarnos de pensar como Estado y que nos pensemos como sociedad para ver ¿qué es lo fundamental? Visto desde el Estado lo fundamental es la independencia, visto desde la sociedad lo fundamental es la construcción de la sociedad.

Las sociedades se construyen, las sociedades no nacen. Las sociedades son un conjunto de seres humanos que se organizan y tienen vínculos entre ellos, vínculos de comunicación, de solidaridad y de respeto. Estas son espacios donde los seres humanos se potencian a sí mismos y se convierten en capital humano. Mi invitación es que en ocasión de este aniversario de independencia política nos pensemos en términos de sociedad y el nivel de construcción que tenemos como sociedad

 

La llegada de los jesuitas a Nueva España

 

La Compañía de Jesús tuvo un lugar importante en la construcción de nuestra nación. Los jesuitas llegaron a México con una doble postura: ir por todo el mundo a evangelizar y ejercitar las obras de misericordia según las necesidades del lugar. Los jesuitas en la Nueva España se dirigen a las regiones indígenas nómadas que no habían sido atendidas por las otras órdenes religiosas, a las zonas del noroeste del país que eran las más difíciles y en conflicto con los españoles. Por otro lado, atienden la necesidad urgente de la población novohispana, que era la demanda de la educación. Ellos se encargaron de crear un sistema educativo para todos los niveles sociales y en todo el virreinato. Y su tercer gran cometido fue estar presente en la formación espiritual de las diversas poblaciones del territorio. Esta triple presencia, misionera, educativa y espiritual, fue la marca de sus actividades en las diversas zonas que estuvieron.

Desde aquí, quisiera hablar de qué forma los jesuitas fueron construyendo a una sociedad. Primero, los jesuitas contribuyeron a construir el territorio del país, ellos disponían de un elemento que no era frecuente en aquella época, era la única orden realmente trasnacional del mundo que disponía de una conciencia de la realidad geopolítica del mundo que no hemos vuelto a tener en nuestro país. Sabían cuáles eran los vectores de las potencias del mundo, qué intereses políticos tenían y qué movimientos estaban haciendo. Ellos fueron, desde un principio, muy conscientes de que la Nueva España estaba amenazada por el norte, por las posibles incursiones de los rusos y de los británicos que también tenían un interés muy grande en el control de Océano Pacífico. Ellos, muy activamente, propusieron que se enviaran misioneros al norte del país y fueron actores de la expansión territorial hacia aquella región, en lo que ahora es el sur de los Estados Unidos. La apertura hacia los estados del Norte y no centrarse en Mesoamérica fue uno de los aportes que dio la Compañía de Jesús a nuestro país. La presencia hispánica en esa zona es debida a ese mismo impulso.

El segundo elemento es su labor educativa, creando con los hijos del país, una dirigencia social posible, con niveles de formación muy elevados. En torno a la educación hubo un elemento muy importante, la construcción de redes sociales entre los diversos sectores. Las congregaciones marianas eran asociaciones de carácter colectivo que agrupaban personas según el modelo de la  sociedad novohispana: indígenas, artesanos, esclavos, caballeros o españoles, y a cada uno de estos grupos le dan mecanismos para vincularse con otros. Otro aporte fue su posicionamiento en el terreno de la investigación científica y de la tecnología, tanto los misioneros como los profesores eran pioneros en trabajos de matemáticas, astronomía, cartografía, etnografía, lingüística y botánica. Todos los misioneros estaban enviando informes continuos sobre los conocimientos que tenían sobre la realidad de los lugares donde estaban. También tuvieron un aporte importante en el desarrollo de la agricultura, desde las haciendas que tenían. Recordemos que quizá el legado más importante en los festejos de 1910 fue la fundación de la Universidad Nacional. La universidad ya existía en el siglo XVIII, era la cúspide de una pirámide que era alimentada por esta red de colegios de la Compañía de Jesús, dos de las cuales tenían la capacidad de otorgar títulos. La universidad no podía funcionar sin la red intermediaria de Colegios que la alimentara. De manera que cuando desapareció la Compañía de Jesús, la universidad muy pronto murió, había quedado sólo la punta de la pirámide, no tenía de donde sostenerse pues habían eliminado la treintena de Colegios Universitarios de la Compañía de Jesús.

El tercer elemento es la creación de un sistema de comunicación a través del arte que permitía fungir como espacio de contacto entre todas las poblaciones de la escala social y de todos los pueblos de la tierra. Quizás, la aportación más importante por la que la Compañía de Jesús es  recordada, desde la historia cultural, es por la creación de un sistema estético en torno a la cultura y a la vida espiritual. Los indígenas y los europeos podían rezar ante la misma imagen. El haber creado un sistema estético capaz de permitir a los seres humanos de todas las latitudes de la tierra y de todas las clases sociales, usar las mismas palabras para expresarse, fue el vínculo más extraordinario. Nunca en la historia de la humanidad había existido algo así, un lenguaje estético que fuera universal en términos geográficos y en términos de clases sociales. La creación de este sistema de comunicación fue el aporte clave de los jesuitas. Un espacio donde todos eran hijos de Dios. Los jesuitas fueron promotores de la devoción Virgen de Guadalupe, como una imagen en torno al cual las diversas poblaciones pudieron irse uniendo.

 

La expulsión

 

Este proceso fue interrumpido en el siglo XVIII por la corona española. En el contexto de la nueva política europea el poder británico era tan patente para las coronas europeas, en particular para la de España, y algo que se hizo muy claro después de 1763, en la derrota de Francia en la guerra de los siete años. A todo mundo le quedaba muy claro que una de las razones por las cuales Inglaterra era la potencia dominante era por el poder que el Estado tenía sobre la Iglesia, desde la época de Enrique VIII. De manera que los monarcas europeos intentaron lograr algo parecido.

En la historia de occidente las relaciones entre el Estado y la Iglesia habían sido felizmente intensas, había un triple polo de poder: la autonomía del sujeto, la libertad de la Iglesia y la libertad del Estado, que estaban siempre en competencia. Pero en el siglo XVIII la corona portuguesa, francesa y española decidieron que tenían los medios para reducir el polo del poder de la iglesia. Con este objetivo se lanzaron con una serie de procesos que implicaban primero la erradicación del sistema estético que había servido como lenguaje de comunicación común, es decir, el lenguaje barroco y el empeño por extirpar el uso de las lenguas indígenas; segundo, la erradicación de las fiestas populares, que era lo que vinculaba a las clases indígenas con las clases superiores, y tercero, la erradicación de la Compañía de Jesús concebida como el órgano principal de defensa de la Santa Sede y de ese orden social que no aceptaba la sumisión total de la sociedad al Estado, sino que pensaba que tendría que haber una zona de autonomía para el sujeto y para la iglesia.

¿Cuáles fueron los resultados de esa ofensiva para la Nueva España? En la madrugada del 25 de junio de 1767 llegaron a las ciudades donde había miembros de la Compañía de Jesús, pliegos que habían sido enviados desde España con la orden de que no se abrieran hasta la madrugada de ese día con la presencia de soldados y autoridades locales. En ellos venía una carta del Rey de España donde daba la orden de que se reuniera a los jesuitas y se les leyera la carta donde se daba la orden de abandonar inmediatamente sus territorios y dirigirse caminando hacia el puerto de Veracruz. El Rey de España le hizo a la Compañía de Jesús un inmenso regalo, sin quererlo, porque no los acusó de nada. El Rey no se atrevió acusar a los jesuitas de nada, en el edicto decía: “Estimulado de gravísimas causas y por otras razones urgentes justas y necesarias que reservo en mi real ánimo». Sin ninguna acusación los jesuitas son expulsados de todas las casas. Esta declaración fue acompañada por la declaración del Virrey de la Nueva España, que decía: “Pues de una vez para que en lo venidero deben saber los súbditos del monarca que ocupa el Rey de España que nacieron para obedecer y no para discurrir ni opinar sobre los asuntos de gobierno”. Estas terribles declaraciones fueron un gran golpe para nuestro país. Con la expulsión de los jesuitas destruyeron lo que habían construido por siglos: el sistema educativo fue desbaratado, las bibliotecas fueron saqueadas, las granjas de producción desaparecieron, las misiones y los indígenas fueron abandonados. Hay grupos que se levantan en armas, pero es muy importante el dato de que no hay un sólo jesuita que ejerza algún tipo de protesta violenta. Por el contrario, son ellos los que frenan los intentos de sublevación por parte de las poblaciones.

Los padres salen a pie, algunos tardaron años en llegar a las costas, los que venían desde Filipinas o Nuevo México. Las muertes por el camino fueron terribles. Los efectos para una sociedad que estaba construyéndose fueron muy graves. Además de desaparecer el sistema educativo desapareció para el país la posibilidad de contar con una clase dirigente consistente.  Los únicos puentes que los criollos locales tenían con el mundo se rompieron; ellos perdieron la capacidad de saber qué pasaba en China ó que pasaba en Europa. La población empezó a sentir que el Rey no era el padre al que todos se sentían referidos, sino que era un autócrata más. Esa ruptura del vínculo afectivo entre los súbditos y la corona fue el inicio de una ruptura. Lo que sucedió en 1821 fue el desenlace de un matrimonio. Si lo comparamos con una vida de pareja: 1821 fue el día en que reciben el acta de divorcio; 1810 es cuando la pareja acude al tribunal a presentar la demanda de divorcio, y 1767 es el momento en que la pareja se pierde el respeto. Este momento es cuando esa sociedad que estaba construyéndose se empezó a desbaratar. El Estado, al tratar de deshacerse del polo eclesiástico que le hacía contrapeso o balance, se quedó sólo al frente de la sociedad, desvinculado de ella, sin poder comunicarse, sobretodo, de las comunidades indígenas. Y sólo bastó que Francia invadiera España, y que Napoleón tomara preso al Rey y su hijo, para que el sistema entero se desbaratara. La sociedad habiendo sido reducida al Estado, no quedaba otra sociedad más que el Estado, y una vez que le atrapan a su monarca todo se descompone. El movimiento de 1808 y 1810 son simplemente las reacciones de una sociedad que se queda sin autoridad y la gente trató de organizarse como pudo. Al desaparecer los vínculos orgánicos que unían a los pueblos entre sí con su reino, cada uno tiene que hacerse cargo de sí mismo y sobrevivir como puede. Estos levantamientos se realizan sin proyecto social y sin conciencia geopolítica.

 

Clavijero

 

Francisco Javier Clavijero escribe dos obras capitales “La historia antigua de México” y “La historia de la California”. En libro La historia antigua de México hace la primera gran síntesis del pasado prehispánico de México en torno al pueblo azteca. En un debate con los grandes científicos europeos plasma la imagen de México que va a ser canónica en la cultura Europa a partir de entonces. Es una obra en defensa de las poblaciones indígenas, que en ese momento son acusadas por los científicos europeos de ser poblaciones de muy bajo nivel humano. Clavijero dice en la introducción de la historia de México: “Si para escribir esta disertación fuésemos movidos por alguna pasión o interés, hubiéramos emprendido la defensa de los criollos, además de ser mucho más fácil debía interesarnos más. Nosotros nacimos de padres españoles y no tenemos ninguna afinidad o consanguineidad con los indios, ni podemos esperar de su miseria ninguna recompensa, y así, ningún otro motivo que el amor a la verdad y el celo por la humanidad nos hace abandonar la propia causa por defender la ajena”. Lo que hace Clavijero es construir la imagen prestigiosa del pasado indígena, reivindicar la solidez de las lenguas y culturas indígenas. Y en su segunda obra hace un recuento de la evangelización de la California. En estas dos obras tenemos la síntesis del gran proyecto de nación, lo que será la matriz cultural con la que la patria nueva va a identificarse.

La cultura mexicana nació de un mestizaje cultural que consiste en fundar sobre dos pilares: el reconocimiento de la grandeza indígena y el reconocimiento de la herencia cristiana. Esta síntesis cultural es el aporte más importante de esta generación de jesuitas y tomamos a Clavijero como el más representativo. Los novohispanos reciben las obras de Clavijero con mucho interés. Estos jesuitas firmarán sus obras con el título de mexicano. Hasta este momento, “mexicano” es el nombre que se daba al grupo de los aztecas. Una gran aportación de los jesuitas es empezar a utilizar el término de mexicano como signo común de pertenencia en toda la población. Que los criollos hayan podido asumir como propia la identidad de una etnia, como eran los mexicas, esta es una contribución extraordinaria de los jesuitas expulsados a la construcción de la nación. Y esto es mucho más importante que la obtención de un tratado diplomático o un acuerdo político.

 

Un aporte importante de Clavijero es no separar a los indígenas vivos de los indígenas muertos. Los mexicanos del siglo XIX podían admirar a los indígenas toltecas o teotihuacanos, pero despreciaban a los indígenas vivos que se cruzaban por la calle. Los expulsos al reivindicar la grandeza de las poblaciones extintas, colocan en la misma bandeja a los indígenas vivos de su tiempo y señalan la dolorosa condición en la que se encuentran por efecto de la miseria. Cuando los científicos mexicanos empiezan a recibir sus obras, el sentido de patriotismo empieza a consolidarse.

Rotos los puentes entre las poblaciones, desarticulado el sistema de comunicación y desbaratado el sistema educativo, lo que podíamos pensar es que el momento en que el país accedió a la independencia, el país ya no contaba con élites consolidadas. Las élites empresariales se habían vuelto extraordinariamente provincianas. Los jesuitas expulsados hablaban y escribían en las lenguas clásicas, lo cual le daba un contacto con el pasado; también hablaban y escribían en las lenguas modernas, Clavijero y sus compañeros escriban normalmente en francés para practicar la lengua. En italiano escribieron sus obras para darlas a conocer al mundo. Además, todos ellos eran hablantes de lenguas indígenas. Unas élites así, en contacto con el pasado, con el presente y el arraigo popular, es algo que no hemos vuelto a tener. Esto muestra la inmensa tarea que nos queda para construir élites de este tamaño. Solamente sabiendo cómo está el mundo, sabiéndose comunicar con las bases y el pasado de la sociedad, es como se pueden hacer proyectos políticos y de dirigencia. Esta es una tarea pendiente.

Antes de la independencia estuvieron al mismo tiempo en Europa dos personajes, Francisco Javier Clavijero, el más importante científico de la Nueva España expulsado en Italia, y en París estaba Benjamín Franklin, representante de los Estados Unidos, como embajador ante las potencias europeas. ¿Cómo nació una nación? y ¿cómo nació otra?, ambas preguntas, pueden ayudarnos a entender el destino de cada una de ellas. Benjamín Franklin estaba en Europa como representante de las élites de su país haciendo tratados. Los Estados Unidos nacieron haciendo tratados económicos y políticos. Los Estados Unidos desde el siglo XVIII estaban pensando en la relación que iba a tener con Turquía, con Irán, con la banca Holandesa y con el tipo de negocios que realizaría en Asia y África. Por otro lado, los expulsados estaban sin poder tener contacto con sus compatriotas, sin poder escribirles. Lo único que podían hacer es escribir para ellos un proyecto cultural. Los Estados Unidos nacieron con un capital económico y político. México nació con un capital cultural, con un imaginario colectivo en torno al mestizaje. Mientras unos estaban en la miseria otros estaban como representantes de su país.

La manera en que México enfrenta la guerra contra Estados Unidos o Francia representa la ausencia de un pensamiento geopolítico por cuarenta años. Otro aspecto que explica esto es la ausencia de la universidad, prácticamente todo el siglo XIX no hubo universidad en México porque se quedó sin base al desbaratar la red de colegios jesuitas.

Los héroes cumplen una doble función, sirven para que todos los miembros de un grupo se cohesionen y para tener hombres ejemplares en una sociedad. Y un problema que tenemos en México es que muchos de quienes reconocemos como héroes son poco encomiables o dignos de imitación. Hidalgo es un caso triste. Aldama, cuando es interrogado, describe lo que fue la arenga del movimiento de independencia: “Hijos míos, únanse conmigo, ayúdenme a defender a la patria, los gachupines quieren entregarla a los impíos franceses, se acabó la abolición, se acabaron los tributos, quien me siga a caballo le daré un peso y a los de a pie un tostón”. Esta es la diferencia entre un personaje como Clavijero, un constructor y otro personaje como Hidalgo, quien destruye un orden social. Ambos son parte de nuestro linaje, pero hay abuelos más interesantes que otros y de alguna forma hoy celebramos el aniversario de uno, el más famoso, y es ocasión que nos acordemos de los otros, mucho más constructivos.

Los expulsados son capaces de convertir todo su dolor en energía creativa en beneficio de las personas más débiles y terminan dándole al país mucho de lo poco que tienen. Este es el tipo de héroes son los que necesitamos ahora. Héroes que nos ayuden a integrar la fe y la ciencia. Hay abuelos que se la pasaron construyendo y hoy los queremos recordar.

 

[1] Director del Instituto de Investigaciones de Artes de México.

 

Misa 450 años de los jesuitas en México (Homilía y fotos)

Misa 450 años de los jesuitas en México (Homilía y fotos)

 De acuerdo con Carlos A. Page, los primeros 15 jesuitas llegaron al virreinato de Nueva España en 1572, enviados por el general san Francisco de Borja, para realizar tareas de educación y evangelización: 

  1. P. Doctor Pedro Sánchez, natural de San Martín, Obispado de Toledo, Provincial de la Provincia de Toledo, profeso. 
  2. P. Diego López, natural de Castromocho en tierra de Campos, Obispado de Palencia; de la Provincia de Andalucía, rector que era en Córdoba, profeso. 
  3. P. Pedro Díaz, natural de Orchi, en Alcarría, Diócesis de Toledo, de la Provincia de Toledo. 
  4. P. Hernán Suárez de la Concha, de Medina del Campo, de la Provincia de Castilla. 
  5. P. Bazán, natural de Guadix, de la Provincia de Castilla. 
  6. P. Diego López de Mesa, de Cafra, Diócesis de Sevilla, de la Provincia de Castilla. 
  7. P. Pedro López de la Parra, de Salamanca. De la Provincia de Castilla. 
  8. P. Alonso Camargo, de Guadalajara, Diócesis de Toledo, de la Provincia de Toledo. 
  9. H. Juan Curiel, natural de Aranda de Duero, de la Provincia de Toledo, acabados sus estudios. 
  10. H. Pedro de Mercado, natural de México, de la Provincia de Andalucía, Teólogo. 
  11. H. Juan Sánchez, natural de Puertollano, Diócesis de Toledo, de la Provincia de Toledo, Teólogo. 
  12. H. Bartolomé Larios, de la Provincia de Castilla, Coadjutor. 
  13. H. Martín de Matilla, de Medina del Campo, de la Provincia de Aragón, Coadjutor. 
  14. H. Martín González, de Pasauon, Diócesis de Placentinae, de la Provincia de Toledo, Coadjutor. 
  15. H. Lope Navarro, natural de Navarra, de la Provincia de Toledo, Coadjutor. 

Todos estos quince, ocho sacerdotes, tres hermanos estudiantes y cuatro coadjutores, se juntaron en Sevilla por el mes de noviembre de 1571 a esperar la primera flota que partiese a la Nueva España y a dar orden en lo necesario para la navegación. 

No estuvieron los nuestros ociosos en Sevilla el tiempo que esperaban su partida; porque, como a gente que tenía su noviciado para Indias, los ejercitaron en oficios humildes y en hospitales y cárceles con los demás ministerios de trabajo, y como para ensaye de otros mayores; y por falta de habitación y muchas necesidades que entonces tenía aquella casa, era fuerza la hubiese en el recado para tanto huésped, (aunque por su mucha caridad los nuestros asistentes, se privaban de lo necesario para acomodar los peregrinos). 

Por aliviar el gasto se repartieron algunos en varias misiones, por allí cerca; unos fueron a Jerez de la Frontera, otros a Medina Sidonia, a Rota; y otros al colegio de Cádiz a ayudar en nuestros ministerios y buena parte sustentó en Sanlúcar de Barrameda Doña Eleonora de Sotomayor y Zúñiga, Condesa de Niebla, y Gobernadora de aquel Estado. 

Entre otras cosas que el Padre Francisco de Borja ordenó para el buen gobierno de la Nueva Provincia de México, fue una que los sujetos que habían quedado de los nuestros en la misión de la Florida, estuviesen sujetos al Provincial de México y se juntasen a esta Provincia. Estos eran los Padres Rogel y Antonio Sedeño y los hermanos Juan de la Carrera, Francisco de Villareal y Pedro Ruiz de Salvarierra, Coadjutores y el Hermano Juan de Salcedo, novicio; porque los demás había sido muertos de los indios gloriosamente, cuya relación, escrito por el Padre Juan Rogel, es la que sigue: 

Al año siguiente, ya habían construido su iglesia y el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, en los que hoy es la calle de San Ildefonso, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el complejo educativo más importante de México en esa época. 

La Compañía de Jesús se extendió rápidamente hacia otros sitios, donde se levantaron colegios que se sumaron al Máximo, como Puebla de los Ángeles, Oaxaca, Zacatecas, Valladolid (hoy Morelia), Guadalajara y Tepotzotlán. Hacia 1574 contaban con 50 miembros; desde sus colegios partían misiones hacia cárceles y hospitales. 

Destacaron figuras en estudios filosóficos, como el italiano Vicente Lenoci o Antonio Rubio, de gran influencia en muchos jesuitas, entre ellos Francisco Javier Clavijero, quien se sumó a la producción intelectual del humanismo mexicano. 

Un grupo especial al que llamaban “Padres Lenguas”, por dominar una o más hablas indígenas, se dedicaron al ministerio de indios. Su tarea de evangelización comenzó en 1591 con las misiones de Sinaloa, un territorio con las dificultades que implicaban la diversidad de lenguas, aunque no menor que las misiones de San Luis de la Paz y la de Parras o La Laguna, comenzadas en 1594, donde sobresalieron misioneros como Nicolás Arnaya y Hernando de Tovar. 

Dos años después comenzaron con la misión de tepehuanes, en 1607, la de Tarahumara Baja, y para 1620, la de Chínipas y Sonora, donde resaltó el recordado padre Eusebio Francisco Kino. 

Para el historiador Gilberto López Castillo la relevancia de los jesuitas en Sinaloa remite a la última década del siglo XVI, ya que fueron los miembros de la orden religiosa quienes, mediante su acción evangelizadora en misión, posibilitaron la incorporación de los pueblos yoremes a la sociedad novohispana. 

El colegio jesuita de Sinaloa fue el centro de actividad religiosa y de control de la población, a partir del cual se fundaron las misiones y se expandieron por el noroeste de Nueva España. 

En el intercambio cultural de la misión, los jesuitas estudiaron a las comunidades locales y dejaron registro de sus antiguas tradiciones, formas de organización social y lenguas. En Sinaloa, los jesuitas fundaron las primeras escuelas para párvulos, y posteriormente, estos niños fueron sus aliados ante sus comunidades. Actualmente, la presencia de los templos misionales se erige como una muestra del patrimonio cultural jesuítico, en tanto que las fiestas religiosas de Semana Santa y otras del calendario anual, tienen su origen en el intercambio cultural entre jesuitas y pueblos originarios. 

BIBLIOGRAFÍA 

JUAN SÁNCHEZ BAQUERO, S.J., Fundación de la Compañía de Jesús en Nueva España, México: Editorial Patria, 1945. 

(Boletín INAH) 

https://infoquorum.com/notas/2022/06/29/Cultura/450_a%C3%B1os_de_la_llegada_de_los_jesuitas;_dos_fueron_asesinados_en_2022 

SEMINARIO INTERNACIONAL INAH: “La Presencia de Jesuitas Italianos en Iberoamérica Colonial”. 27 a 29 de Junio 2022.