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El jesuita de Macerata, Matteo Ricci, en chino Li Madou, admirado y celebrado aún hoy en toda China como símbolo del encuentro entre dos civilizaciones milenarias, fue el primer europeo que residió establemente, entre 1582 y 1610, en el Celeste Imperio en la época de la dinastía Ming.

Convencido de que el interés por la cultura occidental podía facilitar la conversión de los intelectuales, emprendió una infatigable actividad de divulgación científica.

No solo tradujo al chino obras de astronomía y algunos libros de los Elementos de Euclides, sino que escribió él mismo obras de temática moral y religiosa y dibujó famosísimos mapamundis, en los que colocaba China en el centro del globo terráqueo.

Al mismo tiempo, Ricci fue también el primer sinólogo: aquel que, trescientos años después de Marco Polo, pero con mucha mayor exactitud, ilustró al público europeo sobre los usos y costumbres y la cultura del pueblo chino.

Matteo Ricci supo abrir el camino al diálogo entre Oriente y Occidente y a la evangelización de China y  sigue siendo ejemplo de misionero. Fallecido en Pekín, el 11 de mayo de 1610.